La semana pasada, los mercados financieros de EE. UU. registraron su quinta semana consecutiva de caídas, impulsadas principalmente por el conflicto en Irán y su impacto generalizado en los mercados. Los principales índices cerraron a la baja: el Nasdaq cayó 3.2% y entró en territorio de corrección, el S&P 500 retrocedió 2.12% y el Dow Jones bajó 0.90%. Los rendimientos de los bonos del Tesoro mostraron un leve alivio, con la tasa a 10 años cayendo 8 puntos básicos hasta 4.35%, aunque se mantiene cerca de su nivel más alto en más de seis meses.
El conflicto con Irán siguió siendo el principal motor del mercado, con el precio del petróleo subiendo más de 10% en la semana, lo que intensificó las preocupaciones inflacionarias y mantuvo el apetito por riesgo limitado. El sector de tecnología e IA enfrentó presiones adicionales por preocupaciones sobre la demanda de chips, mientras que las crecientes dudas en torno a los fondos de crédito privado añadieron más incertidumbre a un entorno ya frágil. En cuanto a los datos económicos, la actividad manufacturera mostró resiliencia, mientras que la confianza del consumidor cayó, reflejando una reducción del gasto en medio de presiones inflacionarias persistentes.
De cara a las próximas semanas, los mercados estarán atentos al inicio de la temporada de resultados para evaluar la resiliencia corporativa. Sin embargo, la debilidad en los datos de ventas minoristas y el aumento de los costos de insumos generan preocupación sobre la rentabilidad futura. Como punto positivo, el reporte de empleo de marzo mostró una fuerte recuperación, con la creación de 178,000 empleos y una caída de la tasa de desempleo a 4.3%, aportando algo de alivio frente a los persistentes riesgos geopolíticos e inflacionarios.

